Voy a colocar una serie de artículos que tenía en otro blog que va a desaparecer y creo que es conveniente que permanezcan: Este mismo estaba publicado en fecha 16/07/2022.
La vida es un constante renunciar. Renunciamos a cosas que queremos por otras que necesitamos, y renunciamos a cosas que necesitamos por perseguir aquellas que queremos. Renunciamos a ambientes seguros por paisajes desconocidos y después queremos renunciar a la aventura al tener los primeros tropiezos y sentir miedo.
Renunciamos a vivir una vida “normal”, o lo que muchas personas llaman así, como a terminar la universidad, encontrar un trabajo “estable” para comprar la casita y el coche que prueba que triunfamos en la vida, conseguir marido/esposa, casarnos, tener hijos y seguir allí, para luego renunciar al ferviente deseo de vivir una vida diferente porque la vida se pone difícil y a veces el camino deseado no es el más sencillo de lograr. Renunciamos a los que nos aman por perseguir el amor, y renunciamos al amor después de haberlo encontrado alegando causas irreconciliables. Renunciamos a la idea de ser madres por querer una libertad eterna e infinita, y renunciamos a esa libertad cuando los años pasan y soñamos con la idea de que alguien nos llame mamá. Renunciamos a la idea de matrimonio porque no necesitamos títulos ni fotos de bodas para sentirnos seguros y renunciamos a esa comprometida libertad porque se dice que una «relación normal» siempre debe dar un paso más…
Renunciamos a los consejos de mamá cuando creemos que los sabemos todos, y renunciamos a nuestra propia autonomía cuando creemos que alguien sabe más. Renunciamos a repetir la historia de nuestra familia porque queremos hacer las cosas distintas y renunciamos a hacer las cosas diferentes porque en la diferencia «uno nunca sabe que se puede encontrar…» (mejor malo conocido que bueno por conocer)
Renunciamos a los preceptos de belleza cuando sentimos que encajamos en un mundo con menos estereotipos, y renunciamos a ser nuestro más natural YO porque la sociedad, con su dedo apuntador, nos puede juzgar.
Renunciamos a las amigas/os dé la infancia por designios de la vida y ellas/os renuncian a nuestra amistad cuando te conviertes en un recuerdo más. Renunciamos a nuevas personas cuando nos volvemos desconfiados y cuando sentimos que nadie merece nuestra confianza, y renunciamos a las viejas amistades cuando vemos que solo quedan viejos recuerdos de Facebook de años pasados y, aparte de eso, nada más…
Renunciamos a los formalismos y a las disculpas, a estar de acuerdo con todos y al deseo que todos estén de acuerdo con nosotros, pero también renunciamos a nuestra opinión interna por encajar con personas que no siempre nos interesan solamente para conseguir un medio o alargar una tediosa conversación.
Renunciamos a nuestra tierra por nacionalizarnos en tierras ajenas en busca de nuevas oportunidades, y renunciamos a esas tierras cuando extrañamos cosas que solo tenemos en el lugar que nos vio crecer. Rechazamos a nuestros padres cuando vemos reflejados en ellos nuestros propios miedos, y rechazamos la idea de que nos estamos alejando de ellos porque, para nuestro bienestar, eso nos hace sentir mejor.
Renunciamos a comprar la dichosa casa y el cochazo nuevo por viajar mochila al hombro y vivir de hostal en hostal, y luego rechazamos esa vida «hippie y callejera» cuando el reloj marca y marca horas y empezamos a pensar en lo que decía nuestra madre sobre la “estabilidad”.
Renunciamos a todo, y no renunciamos a nada. Pero nuestra peor renuncia, es renunciar a ser la verdadera versión de nosotros mismos para ser la idea preconcebida de los demás, y después renunciamos a esa mentira y nos encontramos con muchas caras en el espejo y una pregunta en el aire… ¿Cuál de todas/os soy?.
Renunciamos a nuestras pasiones porque ya estamos demasiado viejos para hacerlas, o porque consideramos que en esta vida la cosa no cuajó, y renunciamos a ese pensamiento y nos atrevemos a hacer cosas nuevas por ridículas que se nos vean porque sencillamente las queremos hacer.
Renunciamos a las promesas de despedidas y a las promesas de viaje, y renunciamos a esas cosas que nos prometemos cumplir después de ser los culpables de una decepción o las víctimas de ella.
Renunciamos a las comodidades, a los títulos, apellidos y pasados, y renunciamos a un futuro por miedo a perder, y renunciamos a no ser nadie y empezar de cero porque el ego pide a gritos volver a ser lo que un día fue…
La vida y sus renuncias… ¿Lo habías pensado? Cuando aceptamos algo nuevo siempre renunciamos a algo, así no lo digamos en voz alta o no lo admitamos…
La vida es un constante renunciar.
«Las notas de LU; Luisa »
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